Tesoros anónimos

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Conocí un rincón de Guanajuato donde hay un tesoro (literal) ignorado.

Se trata del «Museo de Mineralogía «»Eduardo Villaseñor Sohle» en la Escuela de Minas de la Universidad de Guanajuato.

El sitio concentra 22 mil ejemplares, dos de ellos son fragmentos de meteoritos que tienen nada más 4 mil 568 millones de años de existir, además de réplicas de piedras preciosas y semipreciosas. Es reconocido como el museo más importante en su género en América Latina.

Uno de los fragmentos es del Meteorito Allende, roca mundialmente famosa que en febrero pasado cumplió 50 años de haber caído en Chihuahua.

El lugar también conserva una de las colecciones más completas de plata. Me impresionó conocer la sal: es una roca hermosa, un poco más grande que un balón de futbol, blanquísima y brillante…. ¿¡Cómo esta preciosura es tan contundente en la sazón de la comida?!

«No podríamos vivir sin minerales», dice Mónica Zárate, la directora del museo y apasionada del tema.

Al centro el Meteorito Allende

Me confieso iletrada en este rubro, sin embargo esta mañana la belleza y significado de las piedras me sedujo.

Una de mis favoritas fue la colección de piedras fluorescentes, su brillo de colores morados y amarillos se asoma en una esquina de la sala.

El museo es un atractivo visual y significativo: los meteoritos vienen del cielo, mientras que los minerales debajo de nuestros pies. ¿Qué clase de maravillas anónimas existirán? Me intriga.

Pienso que el encanto de estas piezas también radica en su origen, edad y beneficios. El meteorito parece una simple piedra sin chiste, pero saber que tiene más de 4 mil millones de años proveniente de algún lugar en el universo impone respeto y admiración. ¡Si ese meteorito hablara!

Mónica dice que a veces los minerales parecen tan insignificantes pero hacen que el mundo se mueva.

Me gusta comparar sus palabras con la vida: a veces pasa inadvertido lo que hacemos, decimos o sentimos… incluso lo minimizamos o juzgamos como accesorio. Con un poco de tiempo y paciencia, descubrimos que eso o aquello nos condujo a otras experiencias que nos añaden valor, brillo y movimiento, como los minerales.

Ojalá que todo eso que pasamos inadvertido se convierta en un tesoro por descubrir, como el museo de hoy.

FIN

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