
Hace 89 años para estas fechas, en León hubo una epidemia. El Correo anunciaba el contagio “alarmante” de Meningitis cerebro-espinal que obligó el cierre de templos, escuelas y teatros.
Era abril de 1931 y el dólar se cotizaba en 3.63 pesos, el anuncio clasificado promovía la venta de terrenos para construir casas en la colonia Industrial y la actividad zapatera desplazaba a la rebocera para convertirse en la mayor fuente de empleos del municipio.
En la primera plana del periódico -ahora propiedad del Archivo Histórico Municipal-, el doctor Raúl Aranda de la Parra (el primer director del hospital privado que hoy lleva su apellido) aconsejaba una fórmula preventiva para evitar “terribles contagios”.
Los síntomas de la enfermedad provocada por una infección viral se prevenían con una pomada cuya fórmula tenía vaselina, gomenol, mentol y ácido fénico además de gotas para hacer gárgaras que incluían alcohol, ácido salicílico, timol y eucaliptol.
“Poner en cada orificio de las fosas nasales y procurar que penetre lo más posible, un trozo de la pomada del tamaño de un garbanzo, dos veces al día”, dictaba.
Bares y cantinas cerraron. Días después se aclaró que existía un peligro real de contagio pero no en las proporciones que se había anunciado ni a los “rumores callejeros”.
Aunque las noticias y las enfermedades parecen cíclicas, la realidad cambia.
Casi 90 años después, el coronavirus paralizó al mundo, aunque sus dimensiones sí son alarmantes, pues el riesgo elevado y rápido de contagio está comprobado.
A nueve décadas, hoy el periódico a.m. publicó en su primera plana la muerte súbita de un sacerdote leonés el fin de semana, al parecer víctima del Covid19, días antes ofició misa y recorrió las calles de la colonia San Pedro de los Hernández.
Por las fotos publicadas en el Facebook de la parroquia de San Pedro, donde era párroco, a penas hace unos días tuvo contacto con los vecinos, algunos de ellos de la tercera edad, uno de los sectores más vulnerables a contraer el virus.
Ahora el Gobierno Municipal de León pidió a los colonos que se realicen la prueba del Covid19, especialmente a quienes estuvieron en misa en los últimos 15 días.
Pero a diferencia de lo que pasaba en los años 30’s, el coronavirus no se previene ni desaparece con la fórmula de una droguería, si fuera así, con tal de evitar la cuarentena nos untaríamos pomada del tamaño de una manzana, para salir de casa y volver a la normalidad.
Las cifras hablan: en el mundo hay más de 280 mil muertos, de los que más de 3 mil sucedieron en México.
Ahora los rumores callejeros se dividen entre quienes creen y respetan la cuarentena, y los que todavía salen de su casa o incitan a otros a hacerlo.
Parecen noticias similares, pero las dimensiones y desenlaces son distintos. Ojalá y esto también se detuviera con un poco de pomada.
Mientras tanto mejor #QuedémonosEnCasa

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