
Dos días antes de su boda, Elizabeth Arreguín anunciaba en Facebook que no se casaría.
A la publicación la acompañaba una foto con Alex Álvarez, su novio desde hace seis años. Se miraban sonriendo, con las manos entrelazadas.
“Creo que somos muy afortunados de poder seguir sanos y de tenernos el uno al otro. No nos casaremos el sábado, pero tenerte a mi lado todos los días es más que suficiente (…) Te amo infinitamente” escribía Eli.
Detrás del mensaje que acumuló un centenar de likes, corazones, gif´s y palabras de apoyo de sus contactos, hubo muchas lágrimas, emociones y una prueba a la habilidad de ambos, para conciliar.
Se comprometieron en septiembre de 2018 durante un viaje por Amsterdam. Decidieron la fecha y lugar del enlace: 21 de marzo de 2020 en Guanajuato Capital. El Templo de la Valenciana sería testigo de su juramento y, cerca de ahí, celebrarían en una ex hacienda con 300 invitados provenientes de Alemania, Estados Unidos y diferentes partes de la República.
Desde entonces dedicaron más de 12 mil horas durante 18 meses a los preparativos: la wedding planner, la iglesia, el salón, la música, el banquete, las invitaciones, las damas de honor, el vestido, las flores, el vino, el maquillaje, el peinado, la logística y el detalle más pequeño.
“Apartamos todo con mucha anticipación, conseguimos precios de 2018, empezamos a juntar dinero todo este tiempo, casi no salimos de vacaciones, él se mudó a San Luis Potosí, cada quincena destinábamos dinero para la boda justo para cuando pasara no tuviéramos problema con el monto”, me cuenta desde la sala de su casa por videollamada.
Lo que nunca imaginaron, fue que a sus planes los sabotearía en menos de 24 horas, la pandemia del Covid19.

El domingo previo a la boda, el gobierno de Guanajuato anunció el primer caso de Coronavirus en el estado, la suspensión de clases, así como la recomendación de no salir y permanecer en casa.
Dos días después, Eli recibió una llamada de su wedding planner alertando que otras bodas se habían cancelado y de paso, sus invitados ya no estaban confirmando. A la par, familiares y amigos se disculpaban por no asistir, pues derivado del pánico, tenían miedo a contagiarse.
“Le hablé a Alex y estaba en junta, le pedí que me llamara en cuanto pudiera, le conté lo que pasaba y él no estaba de acuerdo en cancelar, pero a los dos nos llegó un momento de crisis y decidimos hablar en la casa más tarde”.
Esa charla se alargó más de dos horas. Eli lloraba. Debatían junto a las maletas con las que se suponía al día siguiente viajarían de San Luis Potosí a Guanajuato para afinar detalles de la ceremonia, y en las que también incluyeron el equipaje para la Luna de Miel.
“Lloré mucho con él, con mi mamá, quería gritarle a todo el mundo, pero nadie tenía la culpa, llega un punto en que tu frustración es tanta… por tanto tiempo estuvimos planeándola para que una situación así como de ciencia ficción la cambies, nunca te lo imaginas”.
Ambos se hallaban en medio de un ciclón de dudas en las que era necesario calcular los daños. Por un lado, proteger la salud de los invitados, pero también cuidar su inversión antes de perder los anticipos, y sobre todo, ceder a la incertidumbre de un virus desconocido.
Ese mismo día decidieron reprogramar y llevarla a cabo en agosto, con el reto de que coincidiera la disponibilidad de todos los servicios contratados y así evitar un impacto mayor en sus bolsillos.
“Soñé todo lo que te puedas imaginar en el estrés de la planeación: un día que llegaba al salón y estaba llena de gallinas por todos lados (…) después llegaba y todo el pasto estaba crecido terrible, amarillo y adentro había otra boda que no era la mía. Pero nunca me imaginé que por un virus asiático tuviera que moverla”.
El caso de Elizabeth y Alex, se sumó a la lista de bodas aplazadas que representaban uno de los ingresos al turismo del estado, con pérdidas de más de 8 mil millones de pesos a causa del Covid19, según datos de la Secretaría de Turismo del Estado de Guanajuato.
El impacto se replicó a nivel nacional si se considera que en México, según la cifra más reciente del INEGI, se llevaron a cabo más de 500 mil matrimonios en 2018, lo que da una idea del impacto tanto para miles de parejas, como para la industria de bodas.

El día “de”
Llegó el sábado 21 de marzo. Previendo su ausencia por más de dos semanas, el refrigerador de la casa estaba vacío. A la marcha nupcial la sustituyó el bullicio de H-E-B, mientras surtían la despensa. En casa, sin invitados, ni aplausos, ni gritos de “beso, beso”, Eli y Alex prepararon lasaña para cenar y destaparon una botella de Sangre de Toro, mientras escuchaban la lista de canciones que habían elegido para la boda.
Para entonces estaban más tranquilos, tristes pero juntos en medio de una emergencia sanitaria mundial el día que durante un año y medio visualizaron jurarse amor eterno en presencia de sus seres más queridos.
“No esperas que eso te pase en tu boda y no sabes ni siquiera cómo reaccionar”, me cuenta a través de su celular.
Con el cansancio acumulado de la semana, se fueron a dormir y los días siguientes, en los que se suponía estarían en Los Cabos, disfrutando su primer viaje nupcial, Eli hizo home office y Alex tomó un par de días de vacaciones, en casa.

Adaptarse o… aplazar
Ya pasaron dos meses y durante la cuarentena, hicieron caso al consejo de su wedding planner: tratar de olvidar el acontecimiento y descansar. Optaron por arreglar la casa, trabajar, y asimilar lo que pasó aún con el desasosiego que el Covid sigue ocasionando en su proyecto, pues la nueva fecha podría cambiarse.
En momentos han odiado el coronavirus, pero aún en el caos que afectó un día tan importante en sus vidas, encontraron lados positivos y la convicción de que decidieron casarse con la persona correcta.
“También ha servido para aprender cosas que nunca hubieras hecho o valorado, hemos ahorrado, aprendido a estar en la casa y a estar de otra manera, ha sido una forma de conocer el mundo de otra forma cocinar, hacer galletas, ejercicio, hasta cierto punto inversión de tiempo, no gastar dinero y apreciar a tu familia, son muchas emociones juntas desde las negativas y positivas”, dice con un tono más de aceptación.
Hoy, nadie sabe si después de la contingencia las fiestas cambiarán, si habrá menos abrazos, menos invitados, si usar cubrebocas será obligatorio mientras bailas Payaso de Rodeo. Mientras tanto, Eli y Alex analizan una vez más si agosto será la fecha definitiva.
“Dijimos nos vamos a casar cuando nos tengamos qué casar”, dice antes de cerrar la aplicación Zoom.
Durante la cuarentena, un par de fotos de ambos aparecieron de nuevo en Facebook. Abrazados, sonreían a la cámara con la leyenda “at home”. Los comentarios sugerían desde organizar una fiesta virtual, un brindis a la distancia y el clásico “¡Vivan los novios!”, que esperan escuchar pronto y de viva voz, de sus invitados.

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