Fresas

Traje 10 fresas en un plato a la computadora según para acompañar mi ejercicio de escritura y ya me acabé la novena.

Me está dando ansiedad volver a escribir, después quizá de… no lo sé, he perdido la cuenta de los meses en que abandoné esta práctica que al menos en los últimos cinco años había retomado con relativa constancia.

No sé cómo ni por dónde empezar, ni si quiera por tratarse de un diálogo interno el cual en un principio creí, sería sencillo.

Ya voy en la segunda mordida de mi décima y última fresa y con esta voy a penas en cuatro oraciones sin decir algo sustancioso. Ando bien seca.

Quizá ese el problema, suelo ver la forma en lugar del fondo de las cosas y a veces me gana el prejuicio. Eso me pasa seguido. Lo digo porque el último año le tomé cierto afecto al Excel pues encontré que para el trabajo hacer tablas, cronometrar proyectos, poner responsables, fechas de entrega y colores, calma mi agobio de la idea de no saber qué hacer ese día o qué actividades programadas hay para dentro de tres meses. Sí, eso es funcional pero entrar al mundo de las fórmulas me alejó del universo de las letras.

Será porque durante mucho tiempo me consideré dispersa, distraída y desorganizada. Pero es que a estas alturas de mi vida también olvidar cosas tiene alcances más allá de una llamada de atención… o quizá es igual, pero consecuencias distintas, y francamente no está en mis planes quedarme sin chamba. O será que me gusta cumplir o que no me agradaría ser recordada por no hacerlo. Pero eso no siempre es tan bueno, incluso es aburrido porque para este caso la rigidez le estorba a mi creatividad.

Ya no se por qué llegué a este punto de la conversación, pero la cosa es que estoy viendo que dejé varios minutos de morder la fresa porque ahora sí me puse a escribir.

*Dos mordidas más* casi llego al tallo. No mames, qué rica.

Sueño con ser cronista algún día, pero para eso hay que practicar y esta es una buena oportunidad. “¿A qué hora?” Se viene inmediatamente a mi mente esa pregunta, misma que siento que yo no plantee, que la hace alguien más dentro de mí que siempre está diciéndome qué hacer, qué está mal o lo que debería. Mi hermana le dice “la loca de la casa” como alguien que habita en la mente de una. Sí ya sé que soy yo – ¿o será que ya me estoy haciendo esquizofrénica?… ¿ves? otra vez la loca- pero siempre llevando la contraria, despertando el miedo o la preocupación.

En mi caso esa loca es la que me ha llevado a googlear algún síntoma de enfermedad o dolor inusual y generalmente el resultado de la búsqueda me hace creer que es algo grave… aseveraciones que luego son suprimidas tras una revisión por una/un médico. Pero ya la voy detectando y trato, cuando así conviene, de ignorarla.

Esta vez es la que me está diciendo que no hay tiempo para escribir, que no soy buena, que soy muy básica… que haré este ejercicio y 51 semanas otra vez perdida en otros microcosmos; y honestamente ya me cayó mal, ya me hartó. Así que intentaré pasar de largo su comentario en este inicio de 2023.

Voy percatándome que ya llevo varios párrafos, pero no los contaré, quiero fluir. Por hoy le gané a la loca que me ha hecho pensar que lo mío no es esto, que mejor abra Excel y siga con mis tablitas. Última mordida, se acabaron mis fresas.

FIN

Reto de escritura propuesto por Voz del Narrador, escribir un ejercicio por semana en 2023.

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