Hace un par de horas tomé esta foto con la intención de quejarme amargamente del tráfico de mi rancho en viernes por la tarde y el asombro de que la gente se acostumbre a esto como parte de su rutina… pero salió el cielo a restregarme su hermosura. Hasta q capturé la imagen me percaté del atardecer y ante semejante majestuosidad no pude más que dejar pasar mis pensamientos cochistas y sentirme algo culpable por sumergirme a tal grado, en el microcosmos del privilegio. Lo estoy tomando como un mensaje de que a veces se puede elegir entre ver el arrocito negro o el buffet completo; o en el mejor de los casos, de agradecer al cosmos su aparición para darme unas cachetadas como recordatorio de que hay un mundo más allá de mis ojos y nariz.


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