Recibí una invitación para asistir a la convención anual de los insectos del mundo. Honestamente no tenía ganas: la última vez me quedé sin ánimos después de ver que no había otra como yo, y parece que eso no está bien visto entre mis contemporáneos.
¿Qué les voy a decir si soy tan distinta y rara? ¿Cómo me voy a presentar? “Hola, soy Monolepta magnanigra”. Aquella primera vez, después de pronunciar esas palabras, se hizo un silencio sepulcral seguido de una serie de carcajadas. Esas risas me perturbaron y me hicieron sentir, literalmente, la bicha rara del evento… No les culpo: apenas aparezco en las búsquedas de Google con un miserable parrafito. Dicen que nada es “bichersonal” o “insectonal”, pero sería mentira decir que la risa no me importa, porque este nombre no deja de acomplejarme… Y tampoco se me da mentir, y aunque he pensado en disfrazarme de cucaracha, lo pienso dos veces: me da miedo que alguien me observe detenidamente y descubra que, además de rara, soy mitómana e impostora.
Pero ¿a quién se le ocurrió ponerme semejante nombre largo y difícil de pronunciar? En cambio, Mantis religiosa, zancudo o mosca suenan tan “in” y populares… No por nada, al terminar aquella convención, las fresitas de las abejas eran las más codiciadas: armaban buen desmadre en su grupo y nadie cuestionaba su origen ni su nombre. Además, su familia es tan extensa que entre ellas pueden defenderse de sobra. En cambio, yo, sola, me sentía una reverenda sabandija perdedora y, encima de todo, indefensa, sobre todo cuando se soltaban los trancazos entre las hormigas. Yo ni sabía para dónde correr.
Por eso esta vez ya no quiero sentirme como la nueva a la que nadie acepta, salvo la Zygoballus maculatus, mejor conocida como araña saltadora. Esa sí me acepta; será porque también la hacen a un lado sus primas las tarántulas, que se sienten “las más” con esas patas peludas.
Pero ya estoy aquí, en la fila del registro, esperando entrar a la convención. Decidí venir muy a pesar de mi orgullo, quizá porque guardo la esperanza de que algún día lo raro se vuelva cool… cosas de bichos.
(Ejercicio de escritura para jugar con la imaginación, partiendo de un artículo random de Wikipedia: “Monolepta magnanigra”).


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