A cerca de Barbecho

Dejándome llevar por los cambios, me mudé de plataforma web y ahora estoy probando mi blog BARBECHO en WordPress.

Me resistía a dejar Blogspot por un apego sentimental. Hace seis años ahí nació mi espacio catártico para escribir. Cuando lo abrí no sabía cómo titularlo.

Le modifiqué varias veces el nombre hasta que encontré el de BARBECHO.

Hace cinco años me familiaricé con esta palabra.

Recién había terminado una relación después de muchos años de brincar de una pareja a otra sin darme chance de tener un espacio mental, físico y emocional para sentir el dolor, el miedo a la soledad y demás sensaciones desagradables pero necesarias, que suelen acompañar al duelo.

Para esas fechas encontré el artículo «Relaciones conscientes» en el periódico El País en el que hacían una comparativa con el campo y las relaciones de pareja.

Comparto un extracto:

«Para saber estar en pareja es necesario antes saber estar solo. No es sencillo encontrar personas que no odien la soledad. Llegar a tolerar, incluso amar, estar solo, y sentirse bien, es un gran logro personal. Por esa razón, no es aconsejable empezar una nueva relación justo al terminar otra. El campo también necesita un tiempo de regeneración entre cosechas, lo llaman “barbecho”. Nosotros podríamos llamar a ese tiempo “dieta de relaciones”, para referirnos al tiempo que una persona se regala a sí misma para recomponerse, centrarse, atenderse y prepararse para la siguiente relación».

El texto me cayó como balde de agua fría y me dejó pensando.

Me di cuenta que tenía tiempo resistiéndome a sentir el Barchecho del interior. Pero algo en mí decía que era el momento de hacer un alto y darme una oportunidad diferente, de hacerme ese regalo.

Tiempo después de leer el artículo, fui a la comunidad de  Nuevo Valle de Moreno, para visitar a mi amiga Yanet y su familia.

Recuerdo que en una caminata matutina, encontramos un sembradío rebosante de flores y junto a él, el «barbecho»: seco, árido, amarillo. Me asombró el contraste.

Eso era a lo que le temía tanto: sentirme seca, árida, apagada, desolada…

Ahí me convencí de que era “ahora o nunca”.

Me aventuré al Barbecho de pareja y transité por diferentes períodos. El dolor, el enojo, la nostalgia y la tristeza se manifestaron (¡los domingos eran terribles!), pero tiempo después, no sé cuánto tiempo paso, cuando menos lo esperé, llegó la aceptación y ya lo estaba disfrutando. Sentí que pude florecer como la tierra rebosante junto al barbecho en Nuevo Valle.

Con el tiempo, me abrí a otras oportunidades sentimentales, considero que más conscientes y saludables, aunque claro, no todo es miel sobre hojuelas.

La naturaleza es sabia y me parece que es muy humano y necesario dejar pasar y sentir el Barbecho en nuestras vidas: una pausa o un descanso ya sea de parejas, de adicciones, de hábitos tóxicos, etcétera… incluso también pienso que también sirve abandonar las aparentes comodidades para valorar y encontrarle un nuevo sentido a lo que hacemos, a replantearnos si hallamos paz en el sitio donde estamos.

Lo que aprendí en mi barbecho emocional me permitió conocerme más y mejor, un sendero que considero interminable, pero le añadió más aprendizaje y me di la oportunidad de disfrutar mi tiempo y mi espacio.

Cuando comprobé el beneficio que el Barbecho le trajo a mi vida, me convencí de que ese sería el nombre de un espacio tan importante y vital en el que se ha convertido mi blog.

FIN

Blog de WordPress.com.

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