*Encontré esto en los archivos de mi computadora. El tiempo es la mejor medicina.
Guanajuato, Guanajuato; 5 de octubre de 2018
Guanajuato, no te quiero decir adiós, más bien me gustaría expresar un hasta pronto.
Me regalaste tanto, disfruté tanto y lloré tanto como lo que también me reí.
Tú y tu gente fueron muy generosos.
Llegué con nada y me voy con mucho.
Nada es un decir. Vendí mis cosas y regalé otras para iniciar de cero, a un microdepartamento en San Cayetano, donde conocí tus entrañas.
Aunque al principio aborrecí y me quejé de tus callejones empinados, ahora descubro que fue una oportunidad de vivir tus contrastes: toparme en San Roque a un vendedor de leche arriando a una mula y junto a él, un ciclista de montaña descendiendo a toda velocidad.
Entender la belleza de tus rincones que te hacen ser Ciudad Patrimonio de la Humanidad, pero también las pobreza de muchos de tus habitantes.
Aquí me cambié de trabajo, de casa, de zona, de lentes, de visión.
“En Guanajuato te vas a enamorar y también te van a romper el corazón”
me dijo mi amigo Picón cuando apenas tenía un mes de haberme mudado.
No se equivocó. Me abrí al amor, y llegó. Y así como llegó, se fue enseñándome otra vez que aceptar y fluir también es una forma de amar.
Un año y medio Guanajuato, quién lo diría. Me planté sin una expectativa, sólo buscaba sentirme productiva, hacer lo que amo, vivir el presente, ponerme a prueba y al final fue una de las mejores experiencias de vida.
Me voy aunque no quiero hacerlo. La brújula marca otro rumbo, y aunque todavía es indefinido, mi única certeza es que toca la incertidumbre y estoy decidida a abrirle la puerta el tiempo que sea necesario.
Gracias Guanajuato.
Me voy, pero una parte de mí se queda.
FIN
*Agradecimiento especial a Marycarmen Yáñez, la autora intelectual de mi llegada a esta ciudad.










Deja un comentario