Si el amor tuviera olor, sería a bolillo calientito.
Fui a la panadería Bautista, en la zona oriente de León, un lugar que tiene magia y ronda cupido.
Para llegar a las canastillas metálicas que abrigan al también conocido “virote”, debes tomar antes tu charola y pinzas, luego pasar por un túnel que te conduce hacia el horno del tamaño de la pared donde te topas con un panadero que es un auténtico «mago».
La bienvenida a ese oasis del trigo se siente como un sauna, pero con aroma a pan, que sabrá Dios qué relajo hace en el cerebro que su perfume hipnotiza y es diez veces más atractivo que Mark Ruffalo en “Si tuviera 30”.

En el lugar, el brujo del gluten con delantal blanco y con restos de harina regada por los brazos y la cara, sostenía un palo de unos tres metros de largo al que le caben quizá unos 20 bolillos formados en línea recta.
Los metía crudos y luego los sacaba horneados para vaciarlos directo al recipiente donde los clientes casi chocamos tenazas por alcanzar la ronda de los recién hechos.
Tomé 8 y me formé después de 12 personas para pagar.
La fila daba vuelta por los estantes del pan dulce, así que mientras avanzaba tomé una concha, una oreja y dos cuernitos. Para entonces sentí que el calor de la charola encendía la palma de mi mano, así que alterné la otra, momento que aproveché para pescar un rol de canela.
No pasó ni un minuto cuando ya había otras ocho personas detrás de mí.
“De este lado”, decía una y otra vez una de las dos señoritas que cobran para invitar a los compradores a pasar a la caja. De vez en cuando consideraban a los niños de pants escolar olorosos a sudor, quienes llegaron a comprar de a un pan utilizando como charola y pinza, sus manos.
Pagué 3 pesos por cada bolillo y en el trayecto al auto, en un arrebato de pasión desbordada, le arranqué un pedazo dejando la cuenta en siete y medio.
Emprendí la marcha con el trozo de migajón calientito en el paladar, con harta oxitocina invadiendo mi ser y la certeza de que una noche cualquiera y sin planearlo, uno puede enamorarse otra vez.
FIN





Es una excelente panadería, siempre tiene bolillo calentito, además es un plus entrar y ver como sale del horno el aroma del amor.
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Qué chido que la conozcas también. Sale uno todo enamoraaooo. Saludos Jorge.
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