
Se me apachurró el estómago cuando supe de la muerte de Kobe Bryant. El basquetbolista fue mi ídolo en la secundaria.
En pleno año 2000, uno de mis actos de rebeldía era ver a escondidas los partidos de la NBA los sábados por la noche en Tv Azteca, lo hacía mientras todos dormían y reprimía los gritos para evitar despertar a mis papás.
Me emocionaba cuando Shaquille O´Neal encestaba los tiros libres o junto con Kobe hacían una jugada perfecta, la dupla más explosiva de aquella época.
Parece que fue ayer la angustia que me ocasionó un partido con los Mavericks de Dallas en el que casi se me sale el corazón por no poder festejar el triunfo de mi equipo.
Durante los tres años de secundaria participé junto con mis amigas en el torneo de basquetbol de la escuela bajo en nombre de L.A. Lakers, pues eran los campeones de la temporada y Kobe era la estrella. Me alucinaba usar una camiseta del equipo que mi mamá me compró en el tianguis, no me la quitaba –literal- para dormir ni al hacer el aseo los fines de semana.
Fueron tiempos donde el basquetbol era mi pasión. No me importaba ir a la escuela los sábados, siempre y cuando hubiera partido, ni quedarme a entrenar después de clases porque la fiebre de ese deporte me encendía las venas.
En tercero de secundaria nos coronamos campeonas del torneo a segundos del silbatazo final. Recuerdo aquél día como uno de los más felices de mi vida y la cereza del pastel en el cierre de ciclo escolar previo a la preparatoria. Lakers campeonas, decía el diploma que nos entregaron junto con un trofeo.
Me impacta la muerte de Kobe porque representó una parte muy importante de mi adolescencia, entre días de mucha confusión pero también de exceso de energía, de estimular el espíritu de competencia, y al mismo tiempo el del trabajo en equipo. Una etapa de juego, risas, amistad, de aprender a perder y soñar con los ojos abiertos.
Su carrera profesional era inspiración, quería volar con el balón en la mano como lo hacía él, y aunque no lo logré, verlo a en la tele conquistando la duela me bastaba para sentirme una jugadora profesional en la cancha de cemento del Instituto Tepeyac.
Me entristece la muerte de Kobe y no recuerdo haber tenido esta sensación por un acontecimiento así de una figura pública.
Pienso que en este momento mi ídolo está rechinando sus tenis en el cielo, no solo porque exprimió su talento en vida, sino porque estoy segura de que así como a mí, significó salvación para muchos adolescentes del nuevo milenio.
Adiós Black Mamba

27 Nov 2001: Donald Miralle/Allsport 



Qué bonito texto. Ayer llegué a donde mi papá y me dice (él sabe lo bien que me caía Kobe), «mira, le pasó algo». Tenía la TV en foxnews; vi la imagen del helicóptero y el banner de «Muere Kobe Bryant en accidente». Igual me quedé en Shock.
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Gracias Raúl. 🙂 Difícil de creer, Kobe leyenda.
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