Lenguas de Suegra

En su caminata matutina por el camellón de la colonia, mi mamá encontró Lenguas de Suegra tiradas en el basurero. De no ser por su explicación, hubiese imaginado una escena surrealista y algo sádica.

“Las agarré y las planté” dice después de enterarse de que su proeza coincidió con el Día Mundial de la Madre Tierra.

Abrimos Youtube y descubre que las Lenguas de suegra son una especie cactácea cuyo nombre científico es Sansevieria. Le dedica diez minutos a ver un tutorial de Gabriel, un argentino bien parecido que conduce el canal Cosas de Jardín en el que cuenta que según la NASA esta planta es una de las que tiene más capacidad para limpiar el aire.

El video que acumula más de 360 mil reproducciones, explica cómo “tenés qué regarla” y  mi madre se percata de que su intuición bastó para plantarla tal como lo aconsejó el ché.

Ella es una amante de las plantas y por tanto, de la vida. Le nació el gusto hace varios años después de quedarse sin empleo, cuando confiesa que se sentía deprimida y entró a un curso de Bonsáis.

Pero su pasión por la tierra no se limitó a comprar y cuidar, sino a rescatar, cultivar y reproducir.

Desde entonces sus violetas africanas crecieron al grado de tener unas cuantas macetas, a reunir hoy una colección de más de 50 de diferentes tamaños y tonalidades de morado y blancas. Puede pasar tardes enteras descubriendo nuevos hijos de una y pasando las hojas “mamá” a un recipiente nuevo que pronto dará más vidas.

Ahora mismo transformó cuatro botellas de Coca de dos litros, en mini viveros que guardan hojas de violetas, según las recomendaciones del canal Chuyito Jardinero.

En el refrigerador, almacena bulbos de tulipanes, que hace semanas fueron un arreglo floral y ahora están “dormidos” envueltos en servilletas dentro del congelador para que en unos meses más puedan sembrarse.

También aprovechó una decena de coronas de piñas para sumergir su base en agua por un tiempo, y hoy, después de echar raíces yacen en otro juego de vasijas.

A su inventario se suman dos árboles de papaya y uno de mandarina, menta, anturios, garras de león, teléfonos, helechos, hiedra y semillas de jacarandas, limones, manzanas y chícharos, solo por mencionar algunos. Sobre estas últimas dice que las guarda porque intuye que algún día las necesitaremos, pues predice extinción.

Las semillas de unos pimientos morrones que le regalaron el año pasado, ya están dando nuevos frutos que parecen de juguete, y otras que recolectó hace seis años en el parque, hoy son un árbol de unos cinco metros que la mayor parte del año es la sombra más codiciada de la calle.

Mi madre puede pasar horas revolviendo la tierra de su composta, retirando hojas secas y chulear a sus plantas con un “qué bonita, qué hermosa” mientras las acaricia despacio. Tanto que reconozco sentir a veces un poco de celos.

Sobre el Día de la Madre Tierra, dice tajante que “debería de ser todos los días”.

Según la Organización de las Naciones Unidas, de la salud de los ecosistemas depende la salud del planeta y sus habitantes, restaurarlos ayudaría a combatir la pobreza, el cambio climático y una extinción masiva.

Sin saberlo -o quizás sí- mi madre está contribuyendo todos los días a tener y dejar un mundo más sano. Para alguien la Lenguas de Suegra era basura, para mi mamá, significó, multiplicar el oxígeno.

FIN

Deja un comentario

Blog de WordPress.com.

Subir ↑