Cuánto pueden cambiar los escenarios en un año.
Hoy descanso en otra ciudad, duermo en otra cama, tengo otras preocupaciones, pero también me impulsan otros objetivos y me mueve una gasolina diferente.
Ninguno es mejor ni peor, es el que toca.
Dios, con su sabiduría infinita, se encarga de trazar la ruta, de avisar por dónde sí y por dónde no, con quién sí y con quién adiós, pero al mismo tiempo de respetar con amor los berrinches y las rabietas.
Pero hoy también el corazón late muy distinto, el valor del tiempo y de la libertad no tiene nada qué ver con el de hace un año, el silencio no suena igual, lo que veo en el espejo ya no es lo mismo.
Así de inesperada, loca y a la vez generosa es la vida.
Lo que es, es… Y hoy -esta noche- tengo la sensación de que es lo mejor que pudo haber pasado.
(De junio, 2019)


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