El internet tiene -como muchas cosas- su lado bueno y malo, a mí hace cinco años me regaló un amigo.
En 2017 escribía un texto para #Barbecho sobre la nostalgia. Después de publicarlo me encontré un artículo en la red que hablaba del tema de una forma similar, pero con un enfoque más profundo. El blog se llama «Me cuestiona la vida».
Me conmovió y le dejé un comentario a su autor colombiano Bernardo Marulanda expresándole entre otras cosas la coincidencia que hallaba en nuestras letras. Para mi sorpresa contestó muy rápido sin saber que esa sería la primera de muchas conversaciones que hasta hoy se mantienen al cien por ciento en línea.
Durante cinco años hemos compartido desde la cotidianeidad, hasta cambios importantes, pensamientos, emociones, nuestros textos e incluso miedos y angustias a través de la pantalla, a veces con un mensaje, otras por conversaciones en Zoom extendidas por un par de horas y la promesa recurrente de algún día conocernos en vivo.
Y es que a pesar de eso, siento una conexión más allá de lo virtual; es quizá y me atrevo a decirlo, espiritual, de almas que se encuentran y congenian hasta construir una amistad donde se pulverizan 4 mil kilómetros de distancia con un simple clic.
Y sí, es verdad que no es lo mismo verse a través de un monitor pero me siento afortunada de haber encontrado un amigo en el sitio donde menos lo imaginé. Siempre será oportuno conocer a una persona como Bernardo por los canales que sean: centrado, divertido y con un testimonio de vida que inevitablemente me contagia sus ganas de vivirla y hallarle un sentido más profundo a las cosas.
Espero algún día viajar a Perú, donde reside, de mi parte sabe que en México siempre tendrá un lugar a dónde llegar. Porque la amistad rebasa distancias, nacionalidades y medios.
Te quiero amigo. ![]()
**Texto con motivo del ejercicio de escritura de Alberto Chimal para relatar una experiencia positiva que hayas tenido en línea.


Deja un comentario