Ese día me urgía descansar, solté apenas un “buenas noches” y mi madre, junto a la cama apagó la luz.
Horas después, oi sus sandalias completando la rutina de las 4 de la mañana y como si fuera contagioso, también sentí ganas de orinar.
Quise abrir los ojos, pero no podía, traté de mover las piernas y tampoco, quise hablarle… pero mi cuerpo estaba inmóvil. Yo estaba ahí, escuchando y sintiendo la necesidad de ir al baño. Por dentro tuve la sensación de gritar “¡Mamá, despiértame!” pero siguió su trayecto como si nada.
Debe ser eso, se me subió el muerto, ya pasará, me ha pasado otras veces, unos segundos o minutos y despierto. Quise respirar profundo, pero mi cuerpo inhalaba tranquilo, como siempre, podía sentirlo, pero no lo controlaba.
No sé cuántas veces grité sin poder emitir un solo ruido, todo se quedaba en mí y al parecer solo yo me escuchaba.
Mi madre volvió a meterse a la cama y apagó la lámpara. “Ayúdame”, le dije pero me ignoró. Lloré o sentí que lloraba porque ninguna lágrima salía, creí patalear y manotear, pero mi intento fue en vano.
La angustia me invadió y le pedí a Dios que me despertara. Supuse que era posible estar muerta o en coma.
Pasaron quizá dos horas y mamá despertó al mismo tiempo que el sonido de mi alarma, la misma que no pude apagar. Cuando se dio cuenta llamó a emergencias, pensó que era un desmayo, en el hospital todo lo escuchaba y sentía, pero no podía ver, hablar, ni moverme.
Días después oía llorar a mi madre y las charlas de confusión del personal de la clínica. “Parálisis del sueño permanente”-diagnosticó una doctora.
Desde entonces me alimentaron por sonda. Durante años transité todas las estaciones, los primeros mi madre me hablaba y contaba historias, tenía la esperanza de que abriera los ojos, pero ni ella, ni nadie ni mi cuerpo, volvieron a escucharme.
Todavía oigo arrastrar sus sandalias por la habitación y me da las buenas noches esperando respuesta, cada vez se oye más el silencio en casa, también se ha cansado de hablarme. No lo sabe, pero vigilo su sueño siento abrazarla y que duerme, solo puedo imaginarlo mientras sigo atrapada en el sueño.


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