El chico alegre

Hace algunos unos años conocí a un chico en el trabajo. A primera vista me pareció atractivo pero al tratarlo descubrí a un ser muy alegre, bromista y ocurrente; tenía la habilidad para hacer reír a las personas, incluyéndome. Me caía muy bien. Después de varias conversaciones casuales, me invitó a salir. Ya en el café lo noté algo nervioso, inquieto, lo cual me pareció hasta cierto punto normal, como de la expectativa de una primera cita. A lo largo de la charla me contó que tenía algunos problemas con su ex y conformé pasaron las horas lo percibí abrumado con el tema… el chico bromista difería mucho de lo que tenía en frente. Lo desconocí. Me quedé con la impresión de que su anterior historia de amor seguía abierta. No volvimos a salir, pero nos topábamos y saludábamos de vez en cuando con el mismo gusto; él conservaba el carisma y me seguía sacando carcajadas en cada cruce de palabras. Con el tiempo le perdí la pista.

Varios años después me enteré de que él ya no estaba en este mundo, decidió irse voluntariamente. Fue muy fuerte escuchar la noticia, no pude evitar recordar aquel momento en el café y hacerme muchas preguntas que pienso ahora están de sobra, porque el hecho es que él ya no estaba y se había ido de la forma más inesperada y abrupta. Por algunos días navegué entre el impacto y la tristeza.

Apenas el martes se conmemoró el Día Internacional de la Prevención del Suicidio y desde ese día lo he traído en la mente, todavía me cuesta trabajo pensar que ya no está, que se fue así, que quizá para él fue la mejor decisión. ¿Cómo alguien tan alegre, bromista y que parecía verle el lado chusco a la vida optó por marcharse? Es fácil pensarlo o juzgarlo así, por eso mismo creo que el tema es complicado.

Veo el mundo y al país en llamas y pienso en la necesidad de visibilizar también estos temas, en parte entiendo que puedan diluirse entre tantos estímulos pues con frecuencia se me dificulta salir de mi propio microcosmos para poner más atención a quienes me rodean y ayudar aunque sea un poquito a que encuentren el consuelo y la sanación que se necesita en la tierra.

Hoy mi fe me hace pensar que aquel chico llevó su alegría a un lugar mejor. No es un consuelo ni una pretensión de romantizar el acontecimiento, sino un deseo profundo cuando pienso en el sufrimiento que quizá había detrás de su sonrisa desde el día en que lo conocí.

Descansa chico alegre.

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