Hace dos meses, una maceta olvidada en un rincón de mi patio me llamó la atención. Sin un plan y más bien de esas cosas que haces sin pensar, tomé algunas semillas de un pimiento morrón y las coloqué ahí. Las cubrí con tierra, las regué y decidí ver qué pasaba.
Durante un mes les seguí poniendo agua casi por inercia, pero solo veía semillas húmedas. En algún momento incluso me pregunté por qué lo estaba haciendo. “Estás desperdiciando agua a lo tarugo”, me respondí. Semanas después, durante el riego cotidiano, descubrí algo maravilloso: unas pequeñas plantas verdes habían brotado. Era tan frágiles y a la vez prometedoras que me emocioné. Uno de los tallos incluso tenía la semilla aún adherida a la punta, como si quisiera recordarme de dónde venía, fue un momento simple, pero muy significativo; quizá en parte porque esta fue la primera vez que planté semillas con tan poco propósito y resultado, luego de varios intentos fallidos con Cherrys; así que ver a éstas crecer fue como recibir un regalo inesperado.
Hoy al regar nuevamente la maceta, encontré otras dos nuevas plantitas que me dieron mucha alegría y orgullo. Eso me hizo pensar sobre la forma silenciosa y al mismo tiempo sabia que tiene la naturaleza de manifestarse. Amo las plantas desde hace algunos años, pues además de su poder antiestrés, de brindarme paz y hacerme sentir conectada con algo más grande que yo, estoy convencida de que hay mucho qué aprenderles.
A lo que voy es que este pequeño experimento me dejó reflexionando sobre algunas cosas, una de ellas la paciencia. Me considero una persona que le cuesta trabajo esperar, detesto las filas y tengo dificultad para concentrarme. Pero regar las semillas durante semanas sin ver resultados me recordó que no todo en la vida da frutos inmediatos, vivimos en un mundo que nos empuja a buscar gratificaciones rápidas, pero las plantas enseñan que los mejores efectos toman tiempo. Aprender a disfrutar el proceso sin obsesionarse con el resultado.
También el equilibrio entre dar y recibir. Cuidar una planta es un acto de reciprocidad: le das agua, tiempo y atención y a cambio te dan oxígeno, belleza y paz. Es un recordatorio de cómo las relaciones saludables, ya sea con personas o con la naturaleza, se construyen en ese mismo equilibrio.
Luego la flexibilidad y resiliencia. La naturaleza no se apresura, pero tampoco se detiene. Las plantas se adaptan a su entorno, encuentran caminos incluso en las circunstancias más adversas y crecen a su propio ritmo, una clara y bella invitación a la aceptación de los cambios.
La naturaleza no vive con prisa. Cada hoja que brota, cada flor que se abre sucede en el momento preciso. Cuidar de las plantas estimula la pausa, la observación y a estar presente, darles atención es una tarea sumamente inmersiva y terapéutica, es un recordatorio de que no todo tiene que ir tan rápido, que a veces basta con disfrutar el aquí y el ahora.
Las plantas son un respiro y bálsamo dentro de un mundo caótico, lleno de estímulos y preocupaciones. No diré que gracias a ellas mi vida es perfecta, pero sí es mejor. Me han ayudado a encontrar equilibrio emocional, mental y físico. Al dedicar tiempo a cuidarlas, siento que también me cuido a mí misma. Además, soy consciente del privilegio que tengo al poder acceder a la naturaleza y dedicarle tiempo. Esta conexión no solo me aporta calma, sino que es un recordatorio de lo esencial que es cuidar el entorno y valorarlo.
La experiencia de plantar estas semillas, esperar con paciencia y finalmente verlas brotar hoy me dejó una lección clara: la naturaleza es un reflejo de la vida. Es hermosa y desafiante, delicada pero también inmensamente poderosa. Me enseña a encontrar armonía en medio de la confusión y apreciar las pequeñas cosas que dan sentido a la existencia. Gracias a ella incluso me permite pensar más allá del acto de tener una maceta qué regar y hoy al menos, también me motivaron a escribir.
Seguiré cuidando las semillas del pimiento morrón… con la premisa de que hacerlo no solo es ayudar a que algo crezca, sino a que al mismo tiempo se cultiva también algo dentro de mí.
FIN


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