Hace algunos años superé los domingos de bajón y nostalgia… o quizá no, porque también hace varios ese down se me pasó para el lunes, resumido en tardes de ganas de hacer nada y crisis existenciales vencidas los martes.
Con el tiempo veo que es cuestión de tenerle paciencia al primer día de la semana y a veces también de buscar estrategias para pasarla mejor… o menos peor, de perdis.
El caso es que este lunes de bajón intentamos sobrellevarlo visitando un parque de la ciudad donde habito. Hablo en plural porque la salida fue con Nuni, aunque su estabilidad emocional supera por mucho a la mía, así que rectifico y más bien digerí esta tarde con su bella compañía.
Estando ahí nos encontramos algunos perritos y vimos el atardecer mientras los patos desplegaban unas marcas elegantes en la superficie del agua; también nos hallamos a un conocido corriendo, con quien cruzamos algunas palabras y sonrisas. Después, mientras Nuni olía la vegetación y orinaba por millonésima vez, saqué mi libreta y me puse a escribir. De pronto se prendieron las luces del parque y la tarde ya había caído.
Volvimos al auto, Nuni caminando a un paso tranquilo, relajada; y yo con una sensación de paz y alegría porque este lunes de bajón fue superado el mismo día.


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