Tacos de hormiga

Un chef y un cazo acapararon la atención de la fiesta durante 10 minutos.

Rodeado por unos 30 curiosos, Maurilio mezclaba sobre el anafre clavado en el pasto, mantequilla, cebolla, chile picado y sal. Lo hacía con una pala de madera que movía con el suficiente ritmo para darse cuenta de que es un experto en la cocina.

De pronto, su ayudante le pasó charolas tapadas con plástico, cuyo ingrediente –extraño para mí- descubrió y vació.

Parecía arroz color rosado, pero con una textura suave y de aspecto similar a la carne. Yo no le encontraba forma pero sin pensarlo tomé mi lugar en la fila de espera.

El chef en plena preparación

 
«¿Qué son?», Preguntó tímidamente una señora detrás de mí, a la que agradecí mentalmente verbalizar mi duda.


«Escamoles», contestó el cocinero de filipina colorada.

Hizo una pausa y agregó: «es hueva de hormiga». Pelé los ojos y levanté las cejas.

Tengo fobia a los insectos y pensar en comerlos me provoca repulsión.

Les añadió epazote, planta que le dio un contraste de color a la receta.

Sin abandonar el meneo de la cuchara, avisó a los comensales -quienes más bien ya parecíamos público- que cuando cambiaran a un tono blanquezco estarían listos.           

Tomó una pizca con sus dedos, se los llevó a la boca, los saboreó, agregó sal y volvió a mezclar. Para entonces yo todavía no estaba muy segura de probarlos.

Mientras terminaba la cocción, el chef contó que los escamoles son apreciados por los europeos no solo por su sabor a tierra y hierbas, sino también por el proceso de cosecha: son extraídos de criaderos en el estado de Hidalgo y los recolectores lo hacen desnudos.

Solo se dan en marzo y abril, por lo que es un alimento de origen prehispánico, codiciado, exótico y caro: un cuarto de kilo cuesta ¡350 pesos!

A punto de servir

“Ya se me está haciendo agua la boca”, dijo una señora.

Tres golpes en la orilla del cazo con la pala, fue la señal de que estaban listos, llegaron las tortillas y en cinco minutos, no quedó rastro del alimento.

Mi taco

Observé el taco en mi plato. Antes de probar aspiré nerviosa el aroma del que predominaba el olor a cebolla, lo mordí y caté despacio.

Mi paladar exploró un sabor nuevo y difícil de describir. Me supo un poco a nada, esperaba que fuera amargo, pero no, la textura era parecida a la del elote.

Ya más relajada y a punto de terminar mi porción, vi un punto negro en mi último bocado: era una hormiga muerta que me hizo levantar los hombros y engarruñar el cuello. Maurilio me dijo que era común hallarlas por la dificultad de limpiar la hueva.

Me ganó mi lado escrupuloso y aunque parecía tener proteína, la dejé en la orilla, como evidencia de lo que hasta ahora es el manjar más extravangante que he degustado.

La evidencia

Mientras pedía un trago, escuché a algunas personas decir que nunca los han probado, pues les causa náusea; algo que hasta ese día, usualmente yo pensaba de las experiencias culinarias de este tipo.

Terminé mi taco con un caballito de tequila, pero con algo mejor: el orgullo de saber que esta vez, mi curiosidad le había ganado a mi fobia.

FIN

2 comentarios sobre “Tacos de hormiga

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