Apenas termina agosto y ya hay pan de muerto en Soriana. Está en una vitrina anunciando pan artesanal con cubiertas de M&M’s, panditas, Bubulubu y otras combinaciones.
En Liverpool ya conviven los adornos de Halloween con los de Navidad. Todo al mismo tiempo y, al mismo tiempo, sin que suceda todavía.
Este año tengo la sensación de que pasa como arena escurriendo entre las manos y la forma en que el capitalismo pretende administrar nuestro calendario a veces me perturba.
Byung-Chul Han ha escrito sobre nuestra dificultad contemporánea para habitar el tiempo y sobre el cansancio que produce esta forma de vida. Ver pan de muerto y Navidad a más de dos meses de esas fiestas me lo recuerda.
Aún no termina el año y ya se piensa en San Valentín. En febrero, en las vacaciones de Semana Santa. En abril, en el Día de las Madres. Después verano, regreso a clases, Halloween, Navidad… siempre hay algo esperando que empecemos a desearlo con anticipación.
Y mientras llega lo que sigue, el presente ocurre muchas veces sin percatarnos.
Antes de irme del supermercado le tomé foto al pan, me pareció irónico que algo tan tradicional viniera cubierto de Bubulubu y M&M’s. Fue quizá también mi manera de detenerme un segundo en agosto, antes de que alguien más decidiera que ya era momento de pensar en otra cosa.


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