Otro lugar

Hace un año compré una violeta porque me gustaron sus flores rosas, pero duraron pocos días y no le volvieron a salir. La moví varias veces en casa. De la sala a la ventana, de la ventana al patio… y nada.

El mes pasado sentí que le hacía falta algo verde a mi espacio de trabajo y me la llevé, sin esperar nada. A la semana le aparecieron las flores y ahora más grandes y bonitas.

Las plantas son sabias. De estar un año así, la violeta ya cumplió tres semanas floreciendo en mi oficina… y de paso recordándome que a veces no hace falta insistir, sino encontrar otro lugar.

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